Nunca quisimos dar un valor fijo a las cosas, ni nos importó lo que hubiera sido. Creo que a veces me preguntaba si aún seguía en el aire, y si es que lo hacía, ¿sabía que debía aterrizar? Abracé el cielo, y le di importancia a lo que nunca debí dársela. Caminé al borde del miedo y me sostenía; me sostenía frágil y débil. Pero recuerdo que un día alguien dijo que todo tiene su fin. Y seremos, otra vez, dos equivocados, dos desconocidos...
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