domingo, 1 de enero de 2012
Como Venecia sin agua.
Era medianoche. No podía dejar de dar vueltas en la cama, así que decidió salir al balcón. Sentía que el mundo pesaba demasiado, estaba hundida. Había empezado bien el año, el primer día de enero y aunque a pesar de la oscuridad de la noche podía ver como las nubes se hinchaban en el cielo, las lágrimas ya empezaban a brotar de sus ojos y la soledad se apoderaba de ella. En ese instante deseó que lloviera fuerte, muy fuerte, como si la lluvia pudiera llevarse todos sus problemas, pero la lluvia nunca cae cuando la pides. Se tumbó en las frías tablas de madera,los dientes le castañeteaban y sus labios tenían un tono morado, sentía frío, pero quería sentirlo, así al menos sentía que estaba viva.
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