Somos infinitos mientras el recuerdo siga vivo.
Y sus ojos brillaban mientras pronunciaba estas palabras. No sé exactamente si brillaban de esa forma por el júbilo o por las lágrimas que estaban a punto de recorrer su cara, de todas formas, eso me daba igual, porque él era, sin duda, perfecto. Tan perfecto... Con esa constante sonrisa en su cara, con esa inocencia tan real, tan desbordante, con esa alegría innata y verdadera, con sus ojos vivos como estrellas en la noche.
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