Abrió su ventana, y con cuidado de no caerse, salió al exterior manteniendo el equilibrio, debajo un tejado rojo, tan rojo como aquel pintalabios que nunca había usado. Y desde allí, a lo lejos, el sol, de color naranja que se difuminaba con el azul cielo. Mientras tanto, mientras que su mirada se perdía, escuchaba Pieces de Sum41. Y cerró los ojos, por un segundo olvidaba donde estaba, olvidaba todas sus preocupaciones, le olvidaba. Y quería que nunca acabara ese segundo, sólo estaba ella, sin nadie que le pudiera decir que hacía mal y que hacía bien.

No hay comentarios:
Publicar un comentario