Después de sentirse una idiota, de comprobar que lo era, de medicarse, de amargarle la tarde a un amigo, de llegar a casa y fingir la segunda sonrisa más falsa de su vida, después de veintisiete llamadas perdidas, dos mensajes y un privado, de tomarse un chocolate caliente que le supo tan a decepción como aquella mierda de tarde, después de pensar que quizá era un malentendido, que él decía la verdad y que era ella la que estaba pirada, después de creerse eso y unos minutos más tarde descreerselo; se puso a escribir, escribió algo tan penoso y tan mal escrito como se sentía ella, algo deprimente y bastante estúpido. Mientras lo hacía le repitieron por 97218735498566385 vez en su vida que nunca hacía nada bien, ella ya lo sabía, pero nunca hacía caso a los consejos que ella misma pedía, quizá fuera una hipócrita, quizá pensaba que era bueno equivocarse y pasar noches llorando casi siempre por historias parecidas. Quizá llevaba cinco años perdida.
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