martes, 18 de diciembre de 2012

Fugitivos y prisioneros de regreso al amanecer.

Vacío. Miles de luces y almas felinas que se cruzan, que se consumen junto a sus cigarros y se encienden como la noche. Una bala perdida. Una mirada encontrada. Unos ojos que han presenciado una eterna nebulosa naranja, desde la luz de las farolas nocturnas inundando los tejados hasta el templado amanecer. Noches en que las palabras se escriben con caricias y no con tinta, en la piel y no en papel. Las palabras se vuelven suspiros y los silencios, besos ebrios. Noches sin ti, donde almas nocturnas no cubren tu vacío y otros tactos de piel no hacen olvidar el tuyo. Cigarros que se apagan y miradas que les siguen. 

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