Se despertó gritando y con la cama completamente deshecha. Tenía también el pelo enredado y le había estado sangrando la nariz durante toda la noche. Por lo menos todo había sido una pesadilla. Recordaba un sueño raro, muy, muy, raro, algo sobre caerse de los muelles de alguna ciudad, que para ella, aún era desconocida. Era uno de esos sueños como los que había tenido años atrás cuando era pequeña. El único problema era que esta vez, cuando despertó gritando, no había una mano que la consolara o que le trajera cosas dulces a la cama para hacerla sentir mejor. No, ahora era adulta y estaba sola, sola con sus problemas, inquietudes y pesadillas nocturnas.
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