Los humanos deberíamos nacer con algún tipo de hormona que nos impidiera enamorarnos de quien nunca se va a enamorar de nosotros. Con una especie de reflejo involuntario para evitar desastres amorosos, como cerrar los ojos al estornudar. Así se evitarían miles de corazones rotos, noches de insomnio, lágrimas sobre almohadas y suspiros al verles.
No hay comentarios:
Publicar un comentario